¿Recomenzamos?

 

Durante el confinamiento he pasado por muchas emociones, desde la sorpresa al principio, al enfado después. Las primeras semanas de confinamiento no tuve tiempo para aburrirme porque estuvimos ocupados con las noticias sobre el coronavirus y un poco flipados con lo que estaba pasando, pero a partir de la segunda semana empecé a notar el peso del confinamiento. Mi dinámica de estos días me imagino que habrá sido como la de los demás: al principio contento de no tener clase, para, según han pasado las semanas, acabar harto de estar encerrado en casa deseando que todo vuelva a la normalidad.

En ese sentido, el confinamiento ha sido duro, porque el cambio radical que experimenté en mi vida en poco tiempo me produjo un cierto estrés. El no tener libertad para salir a la calle hizo que me sintiera atrapado y un poco prisionero en mi propia casa.

Estos meses hemos tenido clases online y trabajo a distancia. El desarrollo del curso ha traído de cabeza a padres y profesores. La verdad es que a mí, viendo la gravedad de lo sucedido, no me parece que perder un trimestre escolar sea lo más importante. Yo creo que las primeras semanas de aprendizaje a distancia antes de Semana Santa, no estábamos preparados. Pero algunos profesores, sobre la marcha, crearon y organizaron recursos y actividades de aprendizaje online, y todos fuimos aprendiendo y poniendo en práctica las habilidades tecnológicas. Las nuevas tecnologías me han permitido seguir con mis estudios y hacer reuniones virtuales con los profesores y mis compañeros. Antes del confinamiento la comunicación con los profes en el instituto era cara a cara. Aunque ahora es a distancia, nos estamos comunicando todo el tiempo y compartiendo tareas continuamente, al menos con algunos. A pesar del distanciamiento, me he sentido apoyado y conectado con los profesores, porque desde el primer momento empecé a recibir mensajes de todos ellos. La verdad es que no me disgustan las clases a distancia y me he estado esforzando por cumplir los plazos establecidos por los profesores. Aunque he echado muchísimo de menos a mis compañeros.

Estamos a pocos días de terminar este extraño curso escolar en el que no pudimos seguir aprendiendo de la manera habitual. Este año no pude aprender todas las cosas que estaban programadas en el plan de estudios, pero yo creo que tampoco pasa nada, porque estos días, además de las materias escolares, hubo otras lecciones que valió la pena aprender: habilidades tecnológicas, hábitos saludables, capacidad para gestionar el tiempo, etc.

Antes me quejaba de que en ocasiones me faltaba tiempo. Las prisas, mis obligaciones escolares, las obligaciones laborales de mis padres, no nos dejaban tiempo para pararnos y conversar tranquilamente. Estos días encerrado en casa con mis padres han dado para mucho y hemos hecho muchísimas actividades para mantenernos entretenidos. Hemos jugado a muchas cosas, hemos visto películas, hemos redecorado mi habitación, hemos hecho videollamadas a nuestros familiares, etc. Estos días he aprendido muchísimas cosas: a coser mi ropa, a disfrutar de leer, a ser más responsable, a saber que estar juntos y sanos es más importante que tener las últimas zapatillas de baloncesto, a tener ganas de dar un paseo por la calle en vez de estar jugando con la consola, a comprender que hay que vivir el momento, que para ser feliz lo que necesito es a mi familia, a mis amigos y salud, que los bienes materiales pasan a un segundo plano…

Estos días de confinamiento y convivencia en casa se van a quedar para siempre en mi memoria. Pero las cosas fundamentales que recordaré para siempre de estos meses de mi vida serán los momentos de convivencia en mi casa y como en mi familia afrontamos toda esta situación. Creo que no hay mal que por bien no venga, y a lo mejor en vez de perder un curso escolar, ganamos otras cosas.

Yago Carreño.

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