Los valores de las fuerzas armadas

El alumno de 4º de la ESO del IES de Noreña, Ignacio González Azcoitia, ha sido tercero en la fase asturiana del 2º concurso literario escolar «Carta a un militar». Este concurso está organizado por el Ministerio de Defensa y va dirigido a los alumnos de 4º de la ESO y Bachillerato. La carta, titulada ¡Qué vergüenza, hermano! comienza así:

Hola hermano:
Soy consciente de que no te escribí desde que te marchaste, pero tengo que ser sincero, hasta ahora te odiaba. Te marchaste de casa. Mamá lloraba todos los días porque te habías ido muy lejos y a mí me abandonaste. Me daba vergüenza ser tu hermano. Cuando mis compañeros se enteraron de que habías ingresado en la Armada Española y me preguntaban por ti, yo respondía con malas palabras y alguna vez, con puñetazos. Por tu culpa perdí a mis amigos y suspendí todas las asignaturas. No comprendía cómo era posible que te hubieras marchado para luchar contra otras personas. Te imaginaba en la guerra, hiriendo a niños como yo, a mujeres como mamá y se me quitaban las ganasde comer y hasta de vivir, porque mi hermano era una persona cruel.

La semana pasada, en el Instituto, un señor con traje y muchas medallas, que decía ser un General, fue a darnos una charla sobre las Fuerzas Armadas. Yo fui, pero sólo para insultarle, para preguntarle cuánta gente había hecho sufrir para conseguir todo lo que traía colgado en aquella chaqueta. No se enfadó conmigo, se limitó a decirme que atendiera a los vídeos y a las explicaciones y que luego nos tomaríamos unos refrescos juntos.
No me podía creer lo que veían mis ojos. El primer vídeo enseñaba a militares ayudando a las personas de Badajoz, porque el agua y el viento lo habían destrozado todo. En el segundo trabajaban quitando petróleo en Galicia y todavía tenían fuerzas para ayudar a los civiles; eran 5.000 militares perfectamente organizados. En el tercero, enseñaban una base de militares en la Antártida, donde estudiaban la vulcanología y la fauna. Así sucesivamente, fueron enseñando multitud de vídeos. El que más me impresionó fue uno que grabaron en Albania, en el que salía un soldado español ayudando a un niño pequeño que se había caído jugando con una pelota, porque me recordó mucho a ti. Pensé en la cantidad de veces que tú me habías levantado del suelo y me habías curado. Una lágrima recorrió mi cara.
Cuando terminó la charla, aquel General lleno de medallas, que se llamaba Ernesto, igual que tú, cumplió su palabra y me llevó a la cafetería. Allí le expliqué por qué tenía tanto rencor en mi corazón. Ernesto no se rio de mí, al contrario, me explicó que son muchas las personas que piensan que pertenecer a las Fuerzas Armadas, implica matar a muchas personas inocentes; pero que esa no era su labor, es verdad que en caso de guerra, los militares deben de defender a su país, pero para eso reciben una formación, para saber cómo actuar si llega el caso.
Después de hablar mucho tiempo con el General, me doy cuenta de lo equivocado que estaba. Los que ingresáis en el ejército sois personas con muchas cualidades: tenéis que ser solidarios, responsables y valientes; defendéis la igualdad entre las personas; sois íntegros tanto ética como moralmente; estáis continuamente aprendiendo y os superáis día a día y todo esto basado en el respeto y con una disciplina digna de admirar. Si todas las personas tuviéramos la mitad de esos valores, seguro que el mundo iría mucho mejor. Te pido disculpas por no haberte escrito antes y por haberte odiado tanto. A partir de este
momento te prometo que te escribiré todas las semanas y espero algún día poder parecerme a ti.
¡Qué vergüenza hermano! Yo pensé que no te importaba el sufrimiento de la gente y resulta que eres un héroe.

Un beso de tu hermano, que te quiere y admira.

 

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